Que nos pasa a todos que seguimos teniendo una imagen idealizada del verano en la cabeza. Como una especie de reminiscencia de los vigilantes de la playa, pero se nos olvida que en cada capítulo había un accidente o una muerte o algún desaguisado de otro tipo. Se nos pasa por alto el riesgo de quemaduras y que si te pones enfermo encomiéndate a Los Santos si crees, y si no, ponte en manos del destino.
10 años hacía desde que no escribía en el blog . Me ha llevado a retomarlo, paradójicamente, la incomunicación . ¿Sabíais que el umbral medio de atención de tu interlocutor cuando hablas no suele superar los 8 minutos seguidos y cuando escribes los tres mensajes (de aproximadamente 200 caracteres cada uno ) consecutivos ?
Pues esta es la atención que te prestan. Y si lo hacen, ¿como saber si te miran sin escucharte ? Entonces la atención es cero desde el inicio al fin de tu discurso.
Bueno, pues otra vez en verano pasando noches de asfixia, con el ventilador encendido todo el rato, con insomnio y pensando en cómo matar el tiempo al menos para que las horas no se hagan pesadas como el acero.
No, no le importas a nadie. Y por eso escribo aquí. Es parecido a escribir en la arena, o como hacían los antiguos, a eso tan romántico de meter un mensaje en una botella y lanzarlo al mar. La comunicación es en realidad una quimera .
Que suenen los Ace of Base y ese memorable “cruel summer” y a aprovechar el poco fresco que queda antes que pegue de nuevo el sol