Mostrando entradas con la etiqueta relatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta relatos. Mostrar todas las entradas

lunes, 12 de marzo de 2012

FRASES NAVIDEÑAS


Hasta que uno no sienta la verdadera alegría de Navidad , no existe. Todo lo demás es apariencia - muchos adornos. Porque no son los adornos, no es la nieve. No es el árbol, ni la chimenea. La Navidad es el calor que vuelve al corazón de las personas, la generosidad de compartirla con otros y la esperanza de seguir adelante.
No existe la Navidad ideal, solo la Navidad que usted decida crear como reflejo de sus valores, deseos, queridos y tradiciones. (Bill McKibben)


Bendita sea la fecha que une a todo el mundo en una conspiración de amor. (Hamilton Wright Mabi)

La Navidad no es una fecha... Es un estado de la mente (Mary Ellen Chase)

Tal vez el mejor adorno de navidad es una gran sonrisa
Si no sabes qué regalar a tus seres más queridos en Navidad , regáleles tu amor
¿Qué es la Navidad ? Es la ternura del pasado, el valor del presente y la esperanza del futuro. Es el deseo más sincero de que cada taza se rebose con bendiciones ricas y eternas, y de que cada camino nos lleve a la paz. (Agnes M. Pharo)


¡Feliz, feliz Navidad , la que hace que nos acordemos de las ilusiones de nuestra infancia, le recuerde al abuelo las alegrías de su juventud, y le transporte al viajero a su chimenea y a su dulce hogar! (Charles Dickens)

Viene cada año y vendrá para siempre. Y con la Navidad vienen los recuerdos y las costumbres. Esos recuerdos cotidianos humildes a los que todas las madres nos agarramos. Como la Virgen María, en los rincones secretos de su corazón. (Marjorie Holmes)


Honraré la Navidad en mi corazón y procuraré conservarla durante todo el año (Charles Dickens)


Mejor que todos los regalos debajo del árbol de navidad es la presencia de una familia feliz
Aunque se pierdan otras cosas a lo largo de los años, mantengamos la Navidad como algo brillante.…. Regresemos a nuestra fe infantil. (Grace Noll Crowell)


La Navidad ! La propia palabra llena nuestros corazones de alegría. No importa cuánto temamos las prisas, las listas de regalos navideños y las felicitaciones que nos queden por hacer. Cuando llegue el día de Navidad, nos viene el mismo calor que sentíamos cuando éramos niños, el mismo calor que envuelve nuestro corazón y nuestro hogar. (Joan Winmill Brown)


Ojala pudiesemos meter el espiritud de navidad en jarros y abrir un jarro cada mes del año (Harlan Miller)
La Navidad ..... no es un acontecimiento, sino una parte de su hogar que uno lleva siempre en su corazón (Freya Stark)


La Navidad no es un momento ni una estación, sino un estado de la mente. Valorar la paz y la generosidad y tener merced es comprender el verdadero significado de Navidad (Calvin Coolidge)


Publicado el 10 de diciembre de 2008 

La estrella de Belén

La estrella de Belén, San Mateo, 2, 1-12
2:1 Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén
2:2 y preguntaron: "¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo".
2:3 Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén.
2:4 Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías.
2:5 "En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta:
2:6 Y tú, Belén, tierra de Judá,
ciertamente no eres la menor
entre las principales ciudades de Judá,
porque de ti surgirá un jefe
que será el Pastor de mi pueblo, Israel".
2:7 Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella,
2:8 los envió a Belén, diciéndoles: "Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje".
2:9 Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño.
2:10 Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría,
2:11 y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra.
2:12 Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.


POLEMICA ASTRONOMICA SOBRE LA ESTRELLA DE BELEN
ROMA, 21 dic 1999 (ZENIT)

¿Fue un alineamiento astral o una supernova lo que vieron las Magos en su búsqueda del Niño de Belén, según los detalles que ofrece el relato evangélico? En Estados Unidos han aparecido dos ensayos con el mismo título, «La Estrella de Belén», que proponen, sin embargo, diversas soluciones al dilema. En el primero, editado por la Rutgers University Press, con el subtítulo «La herencia de los Magos», el astrónomo Michael R. Molnar sostiene que la «estrella» a la que alude el evangelista san Mateo fue una alineación de Júpiter, Saturno, el Sol y la Luna, en el cuadrante de Aries, fenómeno que se verificó el 17 de abril del año seis antes de Cristo y que ha sido reproducido en una moneda romana. En el otro volúmen --editado por la Princeton University Press--, con el subtítulo «El punto de vista del astrónomo», el investigador Mark Kidger afirma que la alineación astral fue sólo el anuncio de la auténtica «estrella», es decir la aparición de una supernova. En este caso, el nacimiento de Jesús habría que situarlo en el período entre finales de marzo y el comienzo de abril del año cinco antes de Cristo.

Tomado de Zenit. ZS99122103
ZENIT es una excelente agencia internacional de información. Visite su página http://www.zenit.org





Publicado el 8 de diciembre de 2008

La estrella de mar

La estrella de mar vivía iluminando y dando calor a las frías aguas. Su color, de un refulgente dorado, recordaba al del lejano sol. No podía evitar brillar: había nacido para ello. Y sus destellos se expandían a través del azul marino como ondas magnéticas.

La estrella también destacaba, aun a su pesar. Era lo más bonito que podías encontrar en las aguas. Incluso cuando perdía una punta, mágicamente volvía a aparecerle de nuevo. Además de radiante, había algo en ella de lo eterno de Dios. Estaba llena de vida. Su sociabilidad era tal, que se comunicaba prácticamente con toda la variopinta y colorida fauna oceánica.

Un buen día vino a visitarla una piraña. La conocía de antes, pero la estrellita no quería guardar la memoria más que de las cosas buenas y agradables. Ese día estaba particularmente contenta, y la saludó:

- ¡Hola alegre piraña! ¡Tan llena de fuerza y energía!
- ¿Te burlas de mí, estúpida estrella? ¡Siempre haciéndote la buena!

La estrella no entendió su respuesta, hablaban distinto lenguaje; al instante se arrepintió de haberle tendido su sonrisa.

La piraña aprovechó la aflicción de su compañera, y le mordió. La estrella perdió dos de sus puntas.

- Para ti no existo, piraña. Olvídame

Se retiró con su dolor y con el tiempo volvieron a nacerle sus brazos perdidos. Esta vez la estrella sí recordó.

Moraleja: La estrella no puede evitar dar luz y entregarse. La piraña tampoco puede remediar hacer daño. Nunca lo olvides: si eres una estrella, no te acerques a una piraña

DIBUJANDO SUEÑOS

  Había una vez, hace mucho tiempo, un niño, de nombre Adrián (nombre que significa "aquél que vino del mar", y que sus padres le pusieron por sus grandes ojos azules como el océano), que nació con los ojos muy abiertos.

El pequeño todo lo observaba con su inquieta y profunda mirada. Los negros ojos de mamá y su preciosa cara, los jueguetes de la cuna... Era muy tranquilo y apenas lloraba. Parecía un niño como cualquier otro, pero tenía algo especial.

En cuanto fue al Colegio y le pusieron en las manos unos rotuladores de coloresImagen , ya os podéis imaginar lo que hizo con ellos. Desde que nació había ido memorizando en su cabeza todo aquello que veía, sin poder evitarlo. Adrián lo primero que aprendió en la escuela fue a dibujar.

Primero con el lápiz, y luego ya comenzó a colorear

Imagen

Imagen

Imagen

Su familia estaba muy sorprendida. Adrián dibujaba y pintaba todo lo que veía a su alrededor. Y todos pensaban que el día de mañana sería un gran pintor.

Cuando empezó a crecer, dio un salto y además comenzó a plasmar en su bloc de dibujo sus sueños, sus deseos y sus ilusiones. Las fantasías de su cabeza tomaban forma sobre el papel en blanco. Ya no se limitaba a dibujar lo que había a su alrededor, sino que también pintaba lo que le gustaría que hubiera. Sus dibujos transmitían paz, alegría y buenos deseos para todos.

Cuando sus padres se preparaban ya para matricularlo en una Academia de Pintores, Adrián, ya hecho un hombre, dijo que eso era una afición, y que el quería ser arquitecto, no dibujante. Además, razonó, para esa profesión era bueno tener ese talento.

Cursó esos estudios en la Universidad, y justo cuando los terminó, encontró un buen empleo. En sus primeros años trabajando conoció a una chica de la que se hizo muy amigo, y con la que tenía muchas cosas en común, y después de ocho meses de amistad, se enamoraron y se hicieron novios

Imagen

A Adrián no le gustaba volar, pero tuvo que tomar un avión para ir a ver a una tía suya que estaba muy enferma. Se lo dijo a Clarisa, su chica, por si quería acompañarle. Pero ella tenía mucho trabajo y no podía. La noche que tomó el vuelo era tormentosa y los pasajeros empezaron a sentir miedo por sus vidas, pues el avión comenzó a zozobrar. Las gotas de la caudalosa lluvia mojaban y empañaban los cristales de las ventanillas.

Imagen

Adrián estaba cada vez más nervioso. Sólo sabía que no podía morir ahora. Quería estar con sus padres, con Clarisa, con sus amigos... Amainó un poco el temporal, y para su sorpresa vio que un ala del avión se había roto. Se fue corriendo al lavabo, y pensó en lo que más le gustaba hacer desde la infancia: dibujar. Eso le tranquilizaría. Imaginó que el ala del avión estaba entera, como al principio del viaje. Y cogió papel y lápiz y con rápidos y precisos trazos la dibujó. Con todas las fuerzas de su ser empezó a decir en voz alta: "el ala está bien, el ala está bien". Y remarcó con un trazo más grueso el perfil del ala. Era absurdo lo que estaba haciendo. Siempre le dijeron que sus dibujos tenían algo de magia, pero... ¡No podían cambiar la realidad!

Adrián volvió a su asiento, y de nuevo miró desesperanzado por la ventanilla...

¡El ala estaba entera! ¡No lo podía creer! Una furtiva lágrima de felicidad resbaló por una de sus mejillas.

Imagen

"¡Gracias Dios mío!", musitó.

Nunca pierdas la fe. Si deseas algo con mucha fuerza, aunque parezca imposible, visualízalo en tu mente y puede que... ¡Se cumpla!

PD: "Les dijo por su poca fe por que yo les aseguro si tienen fe como un grano de mostaza dirán a este monte desplázate de aquí allá y se desplazara y nada les será imposible" (Mateo 17, 19-21)

La Serpiente - 2 Relatos

La Serpiente (Cuento)


Una serpiente tenía su cueva en cierta localidad.

Nadie osaba pasar por allí, pues aquellos que lo hicieron habían sido mordidos mortalmente por ella.

Cierta vez, pasó por ese lugar un santo.

Como de costumbre, la serpiente lo siguió con la intención de morderle, pero cuando se acercó al sabio, perdió toda su ferocidad y quedó cautivada por su dulzura.

Viendo a la serpiente, el santo dijo: "Bien, amiga mía, ¿quieres morderme?"

La serpiente quedó avergonzada y no contestó nada.

Al ver esto, el sabio agregó: "Escucha con atención, amiga mía; en el futuro no hagas daño a nadie".

La serpiente inclinó su cabeza en señal de asentimiento.

Cuando el sabio se fue, la serpiente entró en su cueva y, desde aquel día, comenzó a vivir una vida de inocencia y pureza, sin tener el menor deseo de dañar a nadie.

A los pocos días, se corrió la voz en el vecindario de que la serpiente había perdido todo su veneno y era inofensiva, y entonces, la gente comenzó a molestarla.

Algunos le tiraban piedras, otros la arrastraban desconsideradamente tirándola de la cola.

De este modo, sus sufrimientos no tenían fin.

Afortunadamente, después de cierto tiempo, volvió a pasar por aquel lugar el sabio, y viendo lo magullada y golpeada que se encontraba la pobre serpiente, se compadeció de ella y le preguntó la causa de tal calamidad.

A eso, la serpiente contestó: "Señor, he sido reducida a este estado, porque no he hecho daño a nadie después de haber recibido sus instrucciones. Pero, ¡ay!, ¡ellos son tan crueles!"

Sonriendo, el sabio dijo: "Querida amiga, yo simplemente te aconsejé que no hicieras daño a nadie, pero nunca te pedí que dejaras de silbar y asustar a los demás si era necesario. Aunque no debes morder a ninguna criatura, puedes mantener la gente a considerable distancia asustándola con tu silbido".

De modo similar, si tú vives en el mundo, haz que los demás te respeten.

No hagas daño a nadie, pero, al mismo tiempo, no permitas que otros te dañen a ti.

Sri Ramakrishna








Cuenta la Leyenda, que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga; ésta huía rápido con miedo, de la feroz depredadora, y la serpiente no pensaba desistir; Huyó un día, y ella no desistía, dos días y nada. Al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y le dijo a la serpiente:
¿Puedo hacerte tres preguntas?
la serpiente respondió:
- No acostumbro a dar este precedente a nadie, pero como igual te voy a devorar, puedes preguntar.
- ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?
- No, contestó la serpiente.
- ¿Yo te he hecho algún mal?
- No, volvió a responder.
- Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?
- ¡Porque no soporto verte brillar........!
Así, muchos de nosotros nos hemos visto envueltos en situaciones donde nos preguntamos: ¿Por qué me pasa ésto si yo no he hecho nada malo? Sencillo; porque no soportan verte brillar.
La Envidia, es el peor sentimiento que podemos tener. Que envidien tus logros, tu éxito, que envidien verte brillar. Cuando esto pase, no dejes de brillar, continúa siendo tú mismo, sigue

dando lo mejor de ti, sigue haciendo lo mejor, no permitas que te lastimen, no permitas que te hieran, sigue brillando y no podrán tocarte, porque tu luz seguirá intacta, tu esencia permanecerá, pase lo que pase.

Dominio Público

Provocaciones

 Cerca de Tokio vivía un gran samurai ya anciano, que se dedicaba a enseñar a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario. Cierta tarde, un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos, apareció por allí. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación. Esperaba a que su adversario hiciera el primer movimiento y, dotado de una inteligencia privilegiada para reparar en los errores cometidos, contraatacaba con velocidad fulminante. El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una lucha. Con la reputación del samurai, se fue hasta allí para derrotarlo y aumentar su fama. Todos los estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo acepto el desafío. Juntos, todos se dirigieron a la plaza de la ciudad y el joven comenzaba a insultar al anciano maestro. Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió en la cara, le gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus antepasados. Durante horas hizo todo por provocarle, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, sintiéndose ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró. Desilusionados por el hecho de que el maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron: "¿Cómo pudiste, maestro, soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usaste tu espada, aún sabiendo que podías perder la lucha, en vez de mostrarte cobarde delante de todos nosotros?". El maestro les preguntó: "Si alguien llega hasta ustedes con un regalo y ustedes no lo aceptan, ¿a quién pertenece el obsequio?". "A quien intentó entregarlo", respondió uno de los alumnos. "Lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos -dijo el maestro-. Cuando no se aceptan, continúan perteneciendo a quien los llevaba consigo".

Vicky Larraz - Bravo samurai

Tu daño me hizo más fuerte

 (Fuente: interrogantes.net)

Ben Sarok, un hombre cruel, no podía ver nada sano ni bello sin destrozarlo. Al borde de un oasis se encontró con una joven palmera. Esto le irritó, así que cogió una pesada piedra y la colocó justo encima de la palmera. Entonces, con una mueca malvada, pasó por encima. La joven palmera intentó eliminar la carga, pero fue en vano. Después, el joven árbol probó una táctica diferente. Cavó hacia el interior para soportar su peso, hasta que sus raíces encontraron una fuente escondida de agua. Entonces el árbol creció más alto que todos los otros, logró culminar todas las sombras. Con el agua de las profundidades de la tierra y el sol de los cielos se convirtió en un árbol majestuoso. Años más tarde, Ben Sarok volvió para disfrutar de la imagen del pequeño árbol que había destrozado. Pero no pudo encontrarlo en ningún lugar. Por último el árbol se inclinó, le mostró la piedra sobre su copa y dijo: "Ben Sarok, tengo que agradecerte, tu daño me hizo más fuerte".


domingo, 11 de marzo de 2012

UN CORAZÓN EN CADA ORILLA

 

Una tía de una chica tuvo acogido a un niño saharaui durante 4 veranos consecutivos. Ahora ya no puede venir a España, se pasó el tiempo máximo permitido. Ella ha escrito un pequeño relato y le ha pedido a su sobrina que lo difunda. Colaborando con ellas: Ahí va.

UN CORAZÓN EN CADA ORILLA
Ante limpias miradas, nada importa
si nació un corazón en cada orilla.

   
 Después de comprobar el profundo sueño en el que se hallaban sumidos, entorné la puerta de su habitación y volví a la biblioteca intentando retomar la lectura, pero ya no me fue posible, ¡se agolpaban tantas cosas en mi cabeza!...
Habían pasado cuatro años desde que lo vimos por primera vez. Era un cinco de julio y hacía mucho calor. Yo acababa de llegar a casa bastante cansada, y tras dejar las llaves encima de la mesita, me senté para recoger las llamadas del contestador.
-- Ana, soy Laura. Os esperamos esta tarde en la torre, a eso de las seis. Han llegado ya.
Noté cómo mi corazón se aceleraba. Cuando entregamos la petición, ni siquiera sabíamos si podría hacerse realidad. Era un sueño demasiado sujeto a las circunstancias y sin embargo... se estaba cumpliendo.
Di vueltas por la casa, comprobé que todo estaba en su sitio y preparado para la
llegada. No disponíamos de mucho espacio, pero mi madre me demostró siempre que no es cuestión de metros, sino de buena voluntad.
Varias dudas asaltaban mi cabeza y entre ellas, saber cómo sería su adaptación y la de toda la familia. No habíamos dispuesto de demasiado tiempo para hacernos a la idea, ni para planificar bien los pros y los contras de la nueva situación, pero de una cosa sí estaba segura: todos lo deseábamos.
Preparé la comida y esperé a que llegaran como cada día. Mi marido acostumbraba a recoger a la niña del colegio y venían juntos. Nada más escuchar el ruido de la llave en la cerradura, salí a su encuentro. Les di la noticia y sus rostros se transformaron. A continuación, muchas preguntas, muchos planes, mucho nerviosismo.
A la hora convenida, salimos de casa con una mezcla de ilusión y ansiedad, a partes iguales.
La torre era una casa rural grande y bien cuidada. Rodeada de terreno cultivable, se resguardaba bajo enormes pinos y aromas propios de campo recién regado. Pertenecía a una familia con la que habíamos llegado a hacer una cierta amistad cuando contactamos con la Asociación, así que nos recibieron con la amabilidad acostumbrada.
---Ya han venido casi todos los padres a recoger a los suyos. Pasad, os presentaremos al vuestro.
De la mano de una de las hijas de la casa, apareció él. Creo que jamás olvidaré aquellos hermosos ojos negros, reflejando todo el cansancio del viaje y la inquietud por lo desconocido. Iba vestido con ropas viejas y zapatillas llenas de agujeros. Colgada de la cintura, una pequeña y desgastada bolsa era todo su equipaje.
Nos acercamos con la sonrisa abierta y las manos extendidas. Lo apreté contra mi pecho, y sentí latir con fuerza el corazón de madre. Era la misma fuerza que noté años atrás cuando nació mi hija, y el mismo corazón que abría puertas para recibir a una nueva vida, aunque esta vez no fuera fruto de mi vientre .
Él se dejó abrazar vencido y agotado. Durante el camino de regreso, durmió como un angelito de siete años, apoyado en nuestros hombros, y no despertó hasta pasadas doce horas.
Cuando los primeros rayos del sol comenzaban a colarse por las rendijas de la persiana, abrió los ojos y nos miró extrañado. Extendió su manita buscando la bolsa raída y nos entregó un pequeño paquete que contenía algunos collares hechos por su madre, unos anillos de madera pintada, y una carta: “Por favor, cuiden mucho de Nafi, no lo dejen salir solo, y tengan en cuenta que no sabe nadar... Khadiyatu”. Después, sacó unas fotos ya arrugadas en las que a duras penas se distinguía su familia, y nos las mostró.
Lo aseamos, le pusimos ropa limpia y tratamos de comunicarnos con él como mejor supimos. El desconocimiento del idioma por ambas partes no facilitó las cosas, pero yo pensaba que el lenguaje de las madres era igual en cualquier parte del mundo, y lo utilicé a fondo.
Los días siguientes transcurrieron con algunas dificultades –normales en estos periodos de adaptación- que se subsanaban siempre a base de cariño. Fue una etapa de grandes descubrimientos para él: el agua saliendo de los grifos o adornando las fuentes, la luz que se encendía apretando un botón, o la aventura de subir y bajar en los ascensores del bloque de viviendas. Todo le resultaba nuevo, y a veces mágico.
Especial emoción le producían las excursiones a la playa. Su desierto, también tenía grandes extensiones, pero eran de arena, ¡mucha arena!. Abrazaba el agua, se zambullía, se adentraba sin cuidado y... reía, por primera vez reía, y nosotros reíamos con él.
Yo me sentía dichosa de ver la facilidad con la que mi familia había acogido al nuevo miembro. Y, como padres, orgullosos los dos de la capacidad que demostró nuestra hija para compartir sus cosas con el recién llegado, al que consideraría hermano para siempre. Ante limpias miradas, nada importa...
Cada noche, antes de dormir, atendiendo a un deseo que no verbalizaba, dedicábamos un rato a recordar a su familia, a mirar las fotos y a hablar un poquito de ellos.
Nos habían contado que muchos de los niños saharauis, acostumbraban a llamar también mamá a la de España, pero le dije con cariño y delicadeza que no debía hacerlo porque, aunque yo lo quería mucho, su madre era aquella mujer grande y guapa que se
había quedado en los campamentos, y ella lo quería todavía más. Creo que él me lo agradeció. Nunca pude comunicarme de palabra con Khadiyatu, pero nuestras risas a uno y otro lado del hilo telefónico, eran suficiente mensaje: ella me pedía que lo cuidara, y a la vez, entendía de mi parte, que así sería. No necesitábamos más.
Las llamadas no eran frecuentes, dada la dificultad añadida con la que se encontraban para desplazarse andando por el desierto y encontrar, a veinte kilómetros de su Wilaya, un lugar con locutorio.
El primer verano transcurrió entre parques, playas, columpios, convivencias, y un viaje al pueblo para presentarlo a todos. Y todos aprendieron a quererlo.
Pero había algo que no podíamos pasar por alto: su origen, su familia de allí, sus costumbres, su propia vida. Indagamos, preguntamos, removimos cielo y tierra para intentar saber algo más de él. Tras una intensa búsqueda, pudimos tener conocimiento de que su padre se encontraba en España, trabajando de forma ilegal para poder enviarles algo. Logramos contactarle y conseguimos el milagro de que pudiera venir para unos días. (Posteriormente también, se le ayudó a regularizar su situación).
Cuando descendió del tren, yo llevaba a su hijo cogido de la mano. Se soltó con rapidez y corrió hacia él abrazándose con fuerza a su pierna. Habían estado más de tres años sin verse, pero el niño no lo había olvidado.
Durante dos días estuvimos hablando y disfrutando de la alegría de verlos juntos. Y volvimos a saber la historia de los refugiados saharauis, esta vez a través de un protagonista de excepción. Conocimos la verdadera tragedia de ese pueblo, en boca de un padre de familia que se lanzó al mundo en busca de recursos, para que los suyos no murieran de hambre como les estaba sucediendo a otros muchos.
Tras este primero, llegaron otros tres veranos en los que pudimos disfrutar del pequeño, propiciando también nuevos encuentros. El venía con otros nueve mil niños saharauis que, huyendo de los rigores del verano en el desierto, se repartían por toda España en una campaña llamada “Vacaciones en Paz”. Tras pasar los meses de Julio y Agosto, volvían a los campamentos de refugiados, bajo la tierna y emocionada mirada de las familias españolas que los habíamos acogido...

... Dejé pues el libro que tenía entre las manos. Traté de decirme a mí misma que no era la última vez que Nafi vendría a pasar el verano con nosotros, pero no podía mentirme. Se estaba cumpliendo el tiempo. Él había agotado ya las cuatro veces que les estaban permitidas, y ahora tenían que dar paso a los siguientes. Volví a la habitación otra vez. Seguían igual, durmiendo como dos ángeles; uno blanco y otro de chocolate. Sólo pude besarlos, y después... llorar.
Hoy también estoy llorando. Ha pasado un año desde que Nafi se fue por última vez, y nos comunican desde allí que su madre ha muerto. Anemia. Imagino que es la anemia de una persona que deja de comer, para que coman sus hijos.
Pienso en todo lo que el padre nos contó sobre su pueblo, refugiado desde hace treinta años en un estéril e inhóspito desierto. Pienso en aquellas personas mayores que morirán con la pena de no haber podido regresar a su tierra; pienso en tantos niños sin futuro; en tantas madres que luchan solas para administrar los escasos alimentos que les llegan, y pienso también en la injusticia del mundo.
Voy al armario de mi habitación; allí guardo limpias y dobladas las ropas que Nafi llevaba puestas la primera vez, y junto a ellas, el papel arrugado donde Khadiyatu nos decía que no sabía nadar, y que lo cuidáramos. No resultó difícil; amar a un niño siempre es fácil, y más cuando ya se ha tenido alguno propio. No importa si no ha estado nueve meses en tu vientre. No importa si viene de otro lugar, o tiene distinto color. Es un niño. Y Nafi, un niño muy especial, que acababa de quedar huérfano, y más desprotegido si cabe.
Por eso, he tomado el testigo. No hay un hilo telefónico que recoja su petición ni mi promesa, pero ninguna lo necesitamos ya. Ella, desde donde esté, sabe que no le fallaré.
Cojo la pluma y me siento a escribir una carta, para que se la entreguen a mi niño cuando alguna familia vaya en Navidades a los campamentos.
“Querido Nafi: ahora, si quieres, ya puedes llamarme madre...

Aramar


ESTA HISTORIA ESTÁ BASADA EN UN HECHO REAL, QUE PRETENDE REFLEJAR-EN UNA PEQUEÑA PARTE- EL DRAMA QUE ESTÁN PADECIENDO LAS PERSONAS QUE VIVEN EN LOS CAMPOS DE REFUGIADOS DEL SAHARA, A TRAVES DE LA MIRADA DE DOS MADRES, QUE TIENEN “UN CORAZÓN EN CADA ORILLA”.
DOS MARES (O.T. 2006)

"TODO MEJORARÁ" (Una historia real)

Todo mejorará

Llego a una terraza medio en sombra, medio soleada y pido una cerveza mientras espero a mi acompañante que llegará en veinte minutos. Abro un cuaderno y me pongo a esbozar un poema que tengo en mente, pero que no sale ni a la de tres, porque tiene que ser dulce y no se me da demasiado bien reflejar dulzura en los versos.

Y de repente, cuando estoy concentrada en la tercera estrofa, se me acercá un hombre joven y con unos ojos color cielo, que me pide un cigarro, obtenido el primero, me pide un segundo para su compañero e igualmente, se lo doy acompañado con una sonrisa, como el primero.
Cuando ha dado dos pasos con los cigarros en la mano, se detiene y se gira para mirarme a los ojos y de repente me dice:

-Tienes un buen corazón.
-Lo intento -respondo sonriente y añado-. Creo que todos lo tenemos.

Y acto seguido se acerca a mí y me cuenta que otro hombre, al que le ha pedido los dos cigarros hace unos minutos, se los ha negado.

-Quizás no tenía -le digo.

De repente, sin más, me esboza su vida en unas cuantas frases mientras las lágrimas asoman a sus ojos y yo lamento, no poder abrazarle las heridas de alma que leo en sus ojos. Tan sólo le digo:

- Todo mejorará, créeme.

Él me sonríe sin mucha convicción y de repente suena su teléfono y atiende la llamada; como él mismo me ha contado es rumano y habla en su idioma, así que no entiendo ni una sola de las palabras de la conversación. Cuando cuelga, me mira de una forma diferente y sus ojos, han olvidado las lágrimas por un momento y sonríen.
Me cuenta que ha conseguido un trabajo para un día, que le reportará 50 euros, suficiente para comer mientras duerme en una casa abandonada.

-Todo mejorará, sólo tienes que creerlo -le repito con una sonrisa.

Esta vez me mira como dispuesto a creer que es cierto lo que le digo, porque ha recibido algo que no esperaba.
Me tiende la mano y le tiendo la mía, me la coge, la besa y acto seguido me da dos besos y le digo:

-Que tengas un buen día.
-Ya lo tengo -me responde mientras sus pupilas azules cohabitan con las mías durante unos segundos.
-Me alegro -le digo- espero tener un buen día también -y me sonría mientras se aleja.

Y lo cierto, es que ya tengo un buen día, porque la vida me ha recordado que es mágica y también lo tengo, porque un desconocido se ha cruzado en mi mañana con unas lágrimas asomando en los ojos y se ha alejado de mí con una sonrisa.


Pensé en hacer una historia cuidada, más pensada y quizás más lírica, pero he preferido la realidad, tal y como ha salido de mis manos.
Hay veces en las que la realidad es mejor que cualquier ficción.

1452, (de abretelibro.com/foro)

D:ream - things can only get better



Publicado el 9-2-2008

viernes, 9 de marzo de 2012

¿Cuál eres de los tres?

ZANAHORIA, HUEVO O CAFÉ Blanca Mesías

Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.
Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.
La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente.
Mirando a su hija le dijo: "Querida, ¿qué ves?" -"Zanahorias, huevos y café" fue su respuesta. La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.
Humildemente la hija preguntó: "¿Qué significa esto, padre?" El le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos; después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.
"¿Cual eres tú?", le preguntó a su hija. "Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?
¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido?
¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.
Y tú, ¿cual de los tres eres? ara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.
Humildemente la hija preguntó: "¿Qué significa esto, padre?" El le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos; después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.
"¿Cual eres tú?", le preguntó a su hija. "Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?
¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido?
¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.
Y tú, ¿cual de los tres eres?

Publicado el 16 de julio de 2007
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...